El e-mail “mata” la tradición de la tarjeta de Navidad

Escrito por Índice Politíco en . Publicado en Cultura y Espectáculos

 

Marypaz Monroy Villamares, Especial para Quadratín México

Cientos de tarjetas de Navidad que personalizaban

Cientos de tarjetas de Navidad que personalizaban

CIUDAD DE MÉXICO, 19 de diciembre (Quadratín México).- El envío de tarjetas de Navidad, es otra de las tradiciones que poco a poco se han ido perdiendo en la vorágine de las actividades cotidianas,  por la falta de valores, de una economía sana y la llegada de Internet.

Durante un recorrido de la Agencia de Información Quadratín México por las imprentas de Santo Domingo en el Centro Histórico del Distrito Federal, se observó que muchos de los impresores jóvenes desconocen cuando antaño, el vendedor recorría los hogares con catálogo en mano, y puerta por puerta ofrecía “hacer” las tarjetas  navideñas.

Hace aproximadamente 30 o 35 años, cuando aún no existía el Internet, era tradicional que los adultos mandarán a imprimir cientos de tarjetas de Navidad que personalizaban con un mensaje de amor, paz y felicidad, el cual era rematado con la frase: “Les desea la familia…”

En diciembre las oficinas de correos se veían atiborradas por cientos de costales de las tarjetas que contenían mensajes de buenos deseos para Navidad y Año Nuevo, las que eran enviadas a familiares y amigos.

Iniciando el mes de noviembre, las imprentas comenzaban a “hacer su agosto”. Una persona con catálogo en mano tocaba la puerta de los domicilios para mostrar los cientos de imágenes con motivos navideños y frases alusivas al amor y al espíritu de la Navidad, las cuales eran impresas en tarjetas estilo postal, con las orillas ribeteadas en color plata y oro.

Era un momento agradable el que reunía a la familia entorno a ese suceso, que era escoger del catálogo una imagen y una frase, de los cientos que contenía, una que expresara los buenos deseos de todos los miembros de la familia para los amigos queridos, los hermanos, padres, hijos, nietos o compadres o padrinos que se encontraban lejos, quizá en otro estado o en otro país.

El envío de tarjetas navideñas, además de ser un motivo de alegría y satisfacción, era un símbolo de que la economía de quien las enviaba era sana, y claro está, de los muchos amigos que poseía.

Los impresores, ubicados en Santo Domingo, en pleno Centro Histórico de la ciudad de México, uno de los sitios emblemáticos y tradicionales para la hechura de tarjetas, señalaron que las de Navidad ya casi nadie las manda a imprimir en comparación con las de bautizo, primera comunión, boda o XV años.

Argumentaron que la culpa es del Internet, pues a través de este se pueden enviar infinidad de ellas con dar un solo click y además de manera gratuita.

Como mucha de las costumbres, ésta es una de las que está a punto de perderse, pues como dicen los impresores de Santo Domingo, ahora sin invertir un sólo peso, se pueden enviar los deseos de “Paz, Felicidad, Amor y Próspero Año Nuevo” a través de las tarjetas virtuales.

Mandar un mensaje de amor y felicidad a los familiares y amigos, mediante una tarjeta impresa resulta carísimo. Basta multiplicar el número de ejemplares por mínimo 70 o 100 pesos que cuesta comprar una de ellas en las tiendas de autoservicio; y esto, de la más sencilla, si se desea una más divertida, colorida o especial con música, el precio se eleva hasta 150 pesos.

Datos refieren que en el año 2005 se enviaron aproximadamente 1,4 millones de tarjetas, y que por culpa del correo electrónico, las páginas web, las redes sociales y el teléfono celular hubo en tan sólo Estados Unidos un declive de las tarjetas navideñas tradicionales, pues se estima que en el citado año se enviaron al menos 1,900 millones por estas vías.

El avance de la tecnología en la comunicación, como es el surgimiento del Internet, de alguna forma ha propiciado que ésta sea otra de las costumbres que poco a poco se va perdiendo y que sólo personas con un gran espíritu luchan por conservar.

Claudia Hernández es una de ellas, desde hace más o menos 30 años consecutivos, se dedica a preparar con sus propias manos, las tarjetas que entregará con un mensaje de prosperidad, amor y felicidad.

Desde el mes de noviembre comienza a idear la imagen que plasmará en las tradicionales tarjetas navideñas que regala año con año a familiares, compañeros de trabajo, amigos personales, de sus hijos y de su esposo, así como a profesores.

Recuerda que es una tradición que adquirió de su madre, quien las mandaba a imprimir para darlas a todos sus familiares, amigos y profesores de ella y sus hermanas.

Cuenta que nunca pasó un año en que su madre mandara a imprimir las tarjetas navideñas, quizá por eso, dice que desde que tiene uso de razón, ella también comenzó a dar las tradicionales tarjetas.

Aun cuando ella no recibe ninguna tarjeta en Navidad o Año Nuevo, desde niña y hasta la fecha con mucho esmero y dedicación, pero sobre todo con cariño, con un mes de anticipación inicia las tareas de creación.

En su familia, Claudia Hernández es la única que tiene ese gesto, pues dice que es “como un pequeño regalo” que da a las personas que conoce, ya que ni sus hermanas, ni tías, ni primos tienen la costumbre de dar tarjetas.

Desde que comenzó con la tradición de dar tarjetas, no tiene una idea de cuántas ha hecho, pero cada año más o menos hace de 200 a 250, por lo que estima que ha realizado más de siete mil 500 tarjetas navideñas, las que por lo menos guarda una “y las conservo en álbumes”.

Desde noviembre comienza a planear el tema. Busca no repetir los símbolos navideños; y con cartulina de colores, foamy, diamantina, estrellas, algodón, lentejuelas, entre otros materiales, diseña los muñecos de nieve, esferas, árboles de Navidad, Nochebuenas, campanas, renos o pingüinos (los que le encantan y colecciona desde niña).

A ratos por las tardes y a veces toda la noche, cuando el tiempo se le “viene encima”, se dedica a hacerlas, pues trata de entregarlas el 1 de diciembre, plazo que ella misma se ha impuesto.

A todas les imprime la misma dedicación y cariño, sin embargo con un nudo en la garganta, comenta que la tarjeta navideña de este 2012 tiene una connotación muy especial “por la muerte de mis padres”; un hecho desafortunado que por poco y rompe con su tradición.

“Este año no quería elaborarlas porque me entró una especie de depresión, pero varias amigas me alentaron a seguir y pues logré superarlo y las hice con cierta connotación en su recuerdo”.

En esta ocasión, sobre una tarjeta de cartulina azul, la figura en relieve de un pingüino (su animal favorito) aparece en medio de dos estrellas que simboliza, una de ellas el espíritu de su padre, que por espacio de unos cuantos días siguió a su madre, quien falleció primero.

Sobre la desaparición del envío de las tradicionales tarjetas de Navidad, Claudia Hernández lamenta que poco a poco se pierda “esta bonita tradición”, la que considera, las próximas generaciones no conocerán por la falta de valores y la apatía en las personas por desear cosas buenas a los demás.

Ella piensa que es difícil revivir esa tradición, porque “a mí me lo inculcaron desde niña y  como se ve la vida, no creo que a la gente le interese retomar la tradición, ya sea porque representa un gasto” en el que se invierte no sólo dinero sino también mucho tiempo.

La familia de Claudia Hernández, además de agradarles el detalle, le agradecen por mantener viva esa tradición, sin embargo, comenta que hay “a quienes les da igual que les dé o no, y otros piensan que para qué invierto tanto tiempo en personas” que no toman en cuenta el cariño y la dedicación.

“Cuando las entrego, hay personas que da la impresión que les das cualquier papel, igual lo ponen en su casa y pasada la época la tiran”, no obstante, dice que “hay otras que las guardan y cada año las colocan en su casa y se nota que te lo agradecen de corazón”.

Tal parece que el envío de las tarjetas navideñas, es una tradición que está a punto de desaparecer sin embargo pocos sabemos que fueron inventadas por Sir Henry Cole en 1843, caballero británico, fundador del Museo Victoria & Albert, pensando en llegar al corazón de sus amistades de un modo más original.

Debido a la gran cantidad de amigos que tenía, decidió que debía crear un método más cómodo y masivo de hacerles llegar su cariño en las épocas de fiestas navideñas.

Para tal efecto le encargó al artista John Calcott Horsley, su amigo personal, que diseñara una postal donde pudiera escribir unos breves deseos de felicidad y poder firmar personalmente.

Tradición de las tarjetas de Navidad

Tradición de las tarjetas de Navidad

La escena central de la tarjeta mostraba una familia numerosa, que brindaba sentada alrededor de una gran mesa. A los lados, dos paneles mostraban dibujos de alimentos y ropa para los pobres. El saludo impreso decía: “Feliz Navidad y Año Nuevo para usted”.

Aunque algunas versiones dicen que la imagen de dicha postal fue la de un muchacho con una bufanda roja.

Un millar de copias litografiadas, coloreadas a mano, fueron realizadas en la imprenta Jobbins en Londres y publicadas por Summerly’s Home Treasury Office. En aquel entonces, se vendieron en un chelín cada una y así nació la gigantesca industria de las tarjetas de Navidad.

Las postales que le sobraron fueron vendidas posteriormente en Old Bond Street con un éxito incalculable.

Ya para 1860 más gente podía afrontar el gasto del envío de tarjetas pero no con tanta calidad. Abarataron los colores para su impresión y pronto se hicieron moda, creando una nueva industria para artistas e impresores.

En 1880 la industria de las tarjetas navideñas creció un 10 por ciento por año, llegando a 11.5 millones de postales sólo durante la semana de Navidad.

El contenido típico de éstas, van desde escenas del nacimiento de Jesús y la Estrella de Belén hasta paisajes nevados. Las tarjetas de Navidad generalmente son enviadas durante el periodo navideño o antes del 25 de diciembre,

En 1875 Louis Prang se convirtió en la primera impresora en ofrecer tarjetas en América. El advenimiento de la postal fue el inicio del fin de las tarjetas elaboradas al estilo victoriano, pero hacia los años 1920, las tarjetas con sobre volvieron.

Las tarjetas se desarrollaron a través del siglo XX con cambio de gusto y técnicas de impresión. Las guerras mundiales trajeron tarjetas con temas patrióticos. Otras con imágenes nostálgicas, sentimentales, religiosas.

Las tarjetas de Navidad “oficiales” comenzaron con la reina Victoria en los años 1840, en donde se retrataban acontecimientos personales de la familia real británica.

En 1953, el presidente Dwight D. Eisenhower publicó la primera tarjeta oficial de La Casa Blanca y representaban escenas de ésta interpretadas por artistas americanos.

Desde el principio, las tarjetas de Navidad han sido coleccionadas ávidamente. La reina María de Inglaterra reunió una gran colección que ahora se guarda en el Museo Británico. Los ejemplares de la Edad de oro de la impresión (1840-1890) son estimados y son subastadas en grandes sumas.

En diciembre de 2005, una de las tarjetas originales de Horsley fue vendida en casi nueve mil libras.

El país más generador de este estilo de salutación es Gran Bretaña, del que se estima llegó a enviar más de dos billones de tarjetas navideñas y es el que envía más cantidad per cápita.

Sin embargo, hoy la industria se ve opacada por el sistema de saludos virtuales que se ofrece por Internet o que se hacen a través de las redes sociales, correos electrónicos y teléfonos celulares.

Aun cuando la tradicional tarjeta navideña se va perdiendo o el modo de enviar los buenos deseos va cambiando con la tecnología, lo que no debemos es dejar de lado nuestra salutación de Paz, Amor, Felicidad y Prosperidad para todos los días del Nuevo Año que está por iniciar.

 

QMX/mmv/arm

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